Ni frase profunda, ni revelación, ni película mental de esas que quedan muy bien escritas. Solo ese segundo raro en el que estás con la piel caliente después de entrenar, la música todavía en la cabeza y la sensación de que el día, por una vez, no te ha pasado por encima.

Hoy me gusté.

No de esa forma perfecta que venden en todas partes. Me gusté cansada, un poco sudada, con cara de estar pensando en tres cosas a la vez y con cero ganas de pedir permiso para ocupar mi propio cuerpo.

Supongo que por eso hice la foto.

No para demostrar nada. No para convencer a nadie. Más bien para acordarme yo: de este momento, de este vestuario, de esta versión mía que no está posando tanto como quedándose quieta un segundo.

Madrid fuera seguía haciendo ruido. Yo dentro estaba bastante en paz.

Y eso, últimamente, me parece casi indecente.